La oración es una
elección
A partir de Mateo 6.6 vemos como
la oración debe ser una elección voluntaria y disciplinada, motivada por el
deseo de escuchar con claridad y recibir revelación del corazón del Señor.
La oración no es un sentimiento,
es una elección y un acto de voluntad. Si esperas hasta sentir deseos de orar,
puede que casi siempre elijas no hacerlo. Sin embargo, deberías tomar este
desafío como tu prioridad diaria.
Jesús nos lo enseñó cuando dijo:
“El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo
26.41b).
Cuando Jesús estando en el Monte
de Getsemaní le pidió a sus discípulos que se mantuvieran despiertos y orando,
ellos no pudieron batallar contra el cansancio y finalmente sólo durmieron.
Jesús conoce nuestra condición,
se acuerda de que somos polvo. Sabe de nuestros esfuerzos para lograr una vida
diaria y disciplinada de oración.
Su propósito siempre es tener
comunión con nosotros, alcanzar intimidad con nuestros corazones y
recompensarnos mucho más abundantemente de lo que creemos y esperamos.
Tu decisión determina tu acción.
Decide no ser reacio a buscar a Dios y ejercítate en superar todos los
obstáculos que así lo impidan.
Bradley Stuart (Sud-Africa)
Oración del día:
Señor, que decir ante la
evidencia de tu grandeza y la pequeñez de mi humanidad. Permíteme madurar para
entender y conocer mis propias debilidades, aquellas que me obstaculizan el
clamar aún en medio de situaciones muy adversas, los discípulos no pudieron
superar la tristeza y el sueño. Mi carne es débil, pero desde mi espíritu me
dispongo a batallar contra mis propios límites. Ayúdame Señor, me esfuerzo en
tu gracia, amén.
Reflexiona en tu corazón y que el
Espíritu Santo te enseñe más sobre la hermosa experiencia de la oración
auténtica.
